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Reencuentros y alternativas
Sebastián Gris, Revista Testimonio, 1982. Página 59.

Autorreflexión a partir de la actividad crítica puesta de manifiesto desde hace una década en eventos como Contacta ("71" y "79"), Signo X Signo, Arte al Paso, el proyecto Sarita Colonia (probablemente lo más logrado del conjunto y las dos ediciones de Propuestas. Los severos altibajos que estos nombres evocan podrían en cierta forma verse justificados por la calidad y sentido de obras como las que en esta ocasión nos ocupan, a pesar de que por su naturaleza y formato no pueden eludir al sistema de comercialización que se pretende socavar.
Williams es, a pesar de su juventud, uno de los indicados para la necesaria reelaboración de esa experiencia alternativa todavía no analizada en su sentido global.
Miembro integrante del Taller Huayco -el único que aún postula, con muy desiguales resultados, la labor de creación visual como actividad colectiva necesariamente ligada a la subversión de conciencias- él ha participado en los más importantes de los últimos eventos y en algunos de sus fracasos.
Su obra individual se nutre ahora de aquella trayectoria, sin duda el más apropiado marco de referencia tanto para el sentido como para la simbología de esta exposición. Así la presencia en dos o tres cuadros de un clavel inmediatamente identificable como el emblema de cierta envasadora transnacional de leche evaporada, reactualiza la ironía crítica implícita en el empleo de miles de latas vacías para la representación de una porción de salchipapas (Arte al Paso) o de un mito religioso popular (Sarita Colonia); pero también adquiere un sentido propio en la obra más allá de la alusión a un referente previo.
La incorporación de signos y palabras ayudará a establecer esta semántica de la imagen en que cada elemento aporta uno o varios significados intrínsecos al cuadro junto con otros exteriores a él, para derivar en un conjunto simbólico antes que narrativa o plástico, sin carecer por ello de valores adjudicables a estas dos últimas dimensiones.
Esta muestra constituida en torno a un incesante juego de alusiones y reminiscencias, partirá así de elementos extraídos de la experiencia visual cotidiana, ya sea en su condición de espacio urbano ideológicamente utilizado -como los monumentos a San Martín y Bolivar, presente en la obra de Williams desde los trabajos sobre vidrio que presentara en Signo X Signo hace tres años- o como expresión de la cultura de masas generada en torno a los medios de comunicación.
Paisajes, escenas deportivas, desastres, movilizaciones populares, lugares comunes del periodismo fotográfico, que pasan así a integrar el repertorio visual, la materia prima, de este salón de espejos oblicuos en que las formas y los sentidos rebotan de cuadro en cuadro en un constante proceso de recontextualización y distorsión creativa.
Más allá del rescate de lo perecedero de la noticia, se trata ante todo de poner en evidencia el valor testimonial y plástico de estas imágenes banalizadas por su difusión espúrea, pero aún así incorporadas a cierta difusa memoria social. Williams acude a este inconsciente gráfico, a lo personal y colectivo de sus insinuaciones, para devolvernos a una atmósfera de imprecisos reencuentros que obligan a la re-visión y los ensayos alternativos de lectura.
La mutua dependencia de estos trabajos , el diálogo de las imágenes entre sí y del conjunto hacia una experiencia visual ampliamente compartida, le otorga una especial coherencia, una progresión y ritmo que con facilidad podríamos calificar como dialéctica. Por ello la importancia de un montaje en el que grabados y pinturas se intercalan de acuerdo a la evolución simbólica de sus elementos, haciendo más legibles las referencias.
Ellas, sin embargo, se subordinan al peculiar uso de códigos y lenguajes en que estos trabajos encuentran su razón de ser.
Lenguaje radicalmente ajeno en su realización técnica a esa preocupación obsesiva por el refinamiento y la pulcritud del acabado que marca la voluntad exhibicionista de buena parte de nuestros jóvenes plásticos. Sin caer en los extremos del facilismo, Williams expresa ya en esta primera individual una libertad de medios que rebasa aquello que pueda estar contenido en el término depuración. El artista, simplemente, ha descubierto que para asumir la pintura con seriedad es antes imprescindible dejar de tomarla en serio. Pero este concepto merece tratamiento aparte.