La
trama del garabato
José Gabriel Chueca en El Comercio,
Martes 2 de mayo del 2000,
C6, Cultura.
Un conjunto de once óleos compone la
quinta exposición individual de Armando Williams, que se presenta
en la galería Lucia de la Puente en Barranco.
Cuando uno se pregunta para qué sirve el lenguaje,
hablado o escrito, la primera respuesta en venir a la mente es la comunicación.
Diríamos que el lenguaje sirve para la transmisión de
información con una intención racional y lógica.
Sin embargo, al suponer eso estamos dejando de lado otros aspectos que
son igualmente importantes pero más difíciles de asir.
Las palabras de una madre a su hijo recién nacido, por ejemplo,
no tienen como fin la transmisión de datos , sino más
bien la de llevar afecto; de igual manera las conversaciones de enamorados
pueden expresar amor u odio casi al margen de la lógica de las
palabras usadas; y más aún la poesía, que hace
del lenguaje una especie de generador emocional ( y la lógica
delas emociones rara vez coincide con la de Aristóteles).
En la pintura pueden establecerse ciertos paralelos. Esta disciplina
artística en Occidente está estrechamente ligada al figurativismo,
desde el Renacimiento hasta el impresionismo, incluyendo la abstracción
-que es una síntesis de origen figurativo-.
Algunas vanguardias pictóricas aparecidas durante le siglo XX,
sin embargo, salieron de estos parámetros por diversas razones.
El suprematismo tiene un ejemplo en el óleo"Cuadrado negro
sobre fondo blanco" (1913-1915) del ruso Malevich. Otros ejemplos
los podemos encontrar en el arte concreto, tendencia parecida en la
segunda mitad del siglo, de recursos geométricos, que, según
sus impulsores, no pretendía representar nada más que
lo que era, es decir, figuras geométricas.
Decimos todo esto para tratar de entender la forma en que ha ido cambiando
la pintura de Armando Williams. En un principioWilliams, nacido en 1957,
con estudios en la Escuela de Bellas Artes y el Pratt Institute de Nueva
York, ciudad en la que radicó entre 1984 y 1996, participó
de los proyectos del grupo Huaycoa inicios de los 80, entre los que
se encuentra la imagen de Sarita Colonia en un cerro de la Panamericana
Sur.
Más tarde trabajó imágenes de violencia urbana
pero tachadas, "acción a la que llega por desencanto o aburrimiento",
según escribe el crítico Alfonso Castrillón.
La tendencia mencionada se agudizó, en el sentido de que lo representativo
de sus imágenes se hizo más oculto, como pudo verse en
su exposición previa "Obras recientes", realizada en
1998 en la Municipalidad de Miraflores.
La serie de once óleos que Williams presenta ahora en la galería
Lucia de la Puente ya no tiene esa conexión. Está libre
de la figuración, de las imágenes literales, y sus herramientas
expresivas se basan en la superposición de garabatos, en el contraste
de colores y entre lo nítido y lo difuso.
La pintura de Williams es pigmento sobre tela, que no representa, y
que tiene algo de concreto y de incómodo, sin concesiones. "Me
interesa trabajar la superficie del lienzo como el espacio" dice
Williams, quien agrega que su impulso inicial es tratar de atrapar sensaciones
nacidas de lo cotidiano. No esperemos imágenes escondidas en
la obra de Williams, veamos más bien, los garabatos como los
verdaderos protagonistas.