Williams o el pretexto de la realidad.
Alfonso Castrillón Vizcarra,
Hueso Humero, No 18, julio de 1983 y en ¿El Ojo de la navaja o el filo
de la tormenta?, Editorial Universitaria, 2001.
Hamlet:¿Veis aquella nube cuya forma es muy semejante
a un camello?
Polonio: Por la misma, que me parece un camello realmente.
Hamlet: Yo creo que parece una comadreja.
Polonio: Tiene el dorso de una comadreja.
Hamlet: O de una ballena.
Polonio: Exacto, de una ballena.
Shakespeare, Hamlet, principe de Dinamarca, Acto III, escena
II
El epígrafe que encabeza este artículo fue utilizado
por Charles Mitchell hace ya algunos años(1) para indicar no sin sorna
el carácter "ambiguo" del arte actual y el nacimiento de
un público que indaga y cuestiona la obra de arte sin admitir secretos.
Aquel diálogo tomado de Shakespeare esconde una burla sutil hacia el
público de arte, que ha venido soportando durante estos ochenta años
los embustes de las vanguardias hamletianas. Si en el siglo pasado los códigos
pictóricos estaban al alcance de todos los asiduos al museo, las vanguardias,
especialmente el expresionismo abstracto, hicieron callar al público
de las galerías con aquella frase ya proverbial: "No pregunte
qué es, sino si le gusta o no". Por un tiempo el público
fue como Polonio, complaciente frente al artista.
Comparto con Mitchell el velado sarcasmo del fragmento citado, agregando otra
coincidencia, en todo caso fortuita, la de ocuparme como él de un cuadro
que tengo en mi casa, una pintura que he incorporado al diálogo mudo
de los objetos que me rodean.
La obra que tengo a mi derecha estuvo primero en una pared del estudio de
su autor, Armando Williams, en Barranco. Debo confesar, contra los prejuicios
de quienes créenla critico de arte insensible por deformación
profesional, que mi primer contacto, con este rectángulo de 0.90 x
120 cm. Fue sensorial: un acuerdo tácito entre mi retina y los colores
que se le ofrecían, de complacencia celular si se quiere y de placer
por lo tanto.
El cuadro pasó luego a una pared de mi casa y de ahí no se ha
movido: hace dos años que impuso sus coordenadas respecto a los otros
objetos, estableció sus distancias, se propuso como mediador de los
colores que lo circundan y punto de partida de otras significaciones. Fue
exigiéndome el diálogo que al principio le había negado.
Mientras escribía en mi mesa no había forma de evitar sus llamadas.
De la "indiferencia visual" más genuina enseñada por
Duchamp, fui interesándome por sus partes, por algún elemento
que se descubría en medio de lo cotidiano y se hacía evidente
reclamando una mirada particular, ¿Por qué ahora mi interés
se volvía hacia fragmentos localizados y no hacia el todo, como sucediera
la primera vez?. Hasta que un día me propuse leer el cuadro que tenía
a mi derecha: en una superficie gris, por lo tanto neutral, se extiende un
plano rojo, ligeramente desplazado a la izquierda. En él ha consignado
el pintor algunos signos reconocibles: una llanta se quema a la izquierda,
pero el humo, indicado aquí como una lluvia de trazos amarillos, asciende
en diagonal hacia la derecha con un movimiento que el autor ha querido subrayar
agregando unas flechas que acompañan su camino. Descubro luego, siguiendo
la dirección de éstas, un conjunto de siluetas tachadas con
tiza blanca. Algo más arriba, la palabra PRETEXTO, también borrada
a la ligera. Si bien estos elementos están inscritos en la zona roja
("la realidad") hay otros que nos sacan fuera y hacen ambiguo el
significado: aquel punteado en blanco,
______________
(2) Charles Mitchell: "El papel del espectador en el arte contemporáneo".
En: Interpretación y análisis del arte. Edición dirigida
por Bernard Smith, Eunsa, Pamplona, 1977, p 63.
en forma de 7, que parece una señal de tránsito sobre la pista
y acentúa la perspectiva; las nubes casi negras que salen de la derecha
y comienzan a invadir la zona roja; parte del humo que sigue su camino hacía
el ángulo superior derecho, y por último un elemento que no
puedo identificar, en forma de amplia U, que extremando la imaginación
sería un gancho utilizado en los laboratorios fotográficos para
colgar los negativos. Así pues, el rectángulo podría
ser una fotografía.
Una fotografía, ¿dónde la había visto?. Miré
el cuadro y seguí pensando en los dos niveles de significación
que Williams propone: lo irreal es el gris, el soporte sobre el que la realidad
se instala, (llanta que se quema y humea, siluetas de gente en el horizonte).
(¿Es un hecho de sangre el que quiere significarse?).
Miro nuevamente el cuadro: he visto este procedimiento en Magritte. Voy, busco
Magritte y encuentro una diapositiva. La proyecto y ahí está;
es el mismo procedimiento, pero al revés. Veamos. Se trata de La Venganza.
El pintor francés, ha puesto en una habitación, un caballete
con un cuadro que representa un paisaje. En él lo verde es íntimo,
dos arbolitos y el resto es cielo celeste con una gran nube algodonosa. Pero
el juego de Magritte empieza cuando se desplaza de lo irreal -el cuadro representado-
a la realidad, la habitación, donde coloca dos nubes, fuera del cuadro
representado, que sin embargo -hacen sombra sobre la pared vecina. Esta representación
quiebra el sentido de la realidad, invitando a una lectura ambigua.
Por un procedimiento contrario, en el cuadro de Williams, la irrealidad está
representada por el soporte gris y la realidad por el rectángulo rojo.
La intención de ambigüedad se cumple con la inclusión de
la línea blanca de tránsito y el humo que sale hacia la irrealidad
y las nubes que entran en el campo de lo real. Así pues Williams está
dentro de lo que podríamos llamar un "surrealismo genérico"
que lo acerca a Magritte en el empleo de lo ambiguo y la continua remisión
de ida y vuelta a los planos de la realidad/ irrealidad (2).
¿Una fotografía? Esta suposición vino a confirmarse cuando
leyendo El Caballo Rojo, en su edición del 18.7.82, p.5, di con un
artículo que informaba sobre el paro del 19 de julio de 1977, ilustrado
con fotos de esa jornada. Y ahí estaban la llanta quemándose,
el humo, los huelguistas y las sombras del lado derecho. Queda descartada
la idea de que Williams sea un plagiario por el hecho de haber tomado como
punto de referencia una foto publicada en un diario; no importa si las imágenes
que él ha plasmado fueron tomadas en vivo o de una fotografía,
lo que importa es por qué las tomó y cómo pasaron a su
cuadro.
Incursionamos desde ahora en el terreno de la ideología, tan temido
por los formalistas-idealistas que piensan que la explicación ideológica
es extra artística. En ese sentido el cuadro que examinamos es un buen
ejemplo de cómo las ideas se encubren con color, adquieren un ritmo,
se acomodan en la superficie de acuerdo a ciertas reglas y códigos.
Debemos admitir que Williams se ha basado en una fotografía de evidente
connotación política. La llanta quemándose es ya un símbolo
de las jornadas del paro. Como imagen connota también la desolación
de un campo de batalla después de las acciones. En cierto modo está
diciendo "por aquí pasaron...:" ("En adelante, la lucha
en defensa del paro ya no tenía tregua atodo lo largo de la avenida
Tupac Amaru. Las masas populares de Tahuantinsuyo, Independencia, Comas, Collique,
enfrentan con piedras y botellas llenas de gasolina la prepotencia de los
efectivos militares que recorren la avenida con sus carros blindados, disparando
ráfagas de metralla, hiriendo más de las veces a transeúntes
inocentes") (Gregorio Martinez, "19 de julio de 1977, Horas de lucha",
El Caballo Rojo, No 114).
Y bien ¿qué hace Williams con el documento fotográfico?.
Toma las imágenes que necesita, las coloca en el recuadro rojo, (¿la
realidad sangrienta?) y comienza a mimetizarlas (ambigüizarlas si resulta
más cómodo) saliéndose de la realidad (humo y línea
de tránsito) o entrando a ella, por medio de sombras que ahora son
nubes negras. El público que quizá ha _____________
(2) Sabemos, sin embargo, que el cuadro de Magritte no ha tenido que ver,
en ningún sentido, con la creación del cuadro que comentamos.
descubierto los signos reales que le propone el pintor
se desconcierta y se pregunta cuál es la realidad representada, pues
hay un trabajo sistemático de encubrimiento: las siluetas de los manifestantes
son tachadas con pequeños trozos de tiza blanca, lo mismo que la palabra
PRETEXTO, pero no borradas, ahí están, reconocibles, tratando
de esconder sus significados.
Me sigue intrigando el uso de las pequeñas flechas que ascienden claramente
hacia la derecha. Pienso que aún éste es un mensaje encubierto:
el movimiento de masas, los actores del paro, aluden al movimiento político
de izquierda del cuadro es la derecha del espectador.
No se descarta pues la idea de que Williams quiera celar algunas ideas que
para un sector político resultan subversivas. ¿Qué necesidad
tenía el pintor de encubrir su denuncia?. Pienso que Williams ha llegado
a la convicción, madura desde hace algún tiempo, de que no es
necesario vociferar para decir la verdad: la metáfora no está
reñida con la práctica política.
A estas alturas podemos aventurar tres posibilidades de interpretación
frente al cuadro de Williams, que no se oponen sino que se complementan:
1.- El pintor recurre al encubrimiento para comunicarse con un sector marginalizado
políticamente.
2.- El pintor ha llegado a una madurez artística y política
que supone que la metáfora no está reñida con la práctica.
3.- El pintor recurre a las tachaduras para negar la realidad; en este caso
Williams no cree en la posibilidad de una solución política
para la izquierda.
Sea cual fuere la línea interpretativa que se adapte -quizá
con las tres- en el caso de Williams las formas se encuentran estéticamente
manifestadas gracias a la intención connotativa, que es ideológica.
Cualquier formalista tradicional podrá decir que la composición
es equilibrada, que el color está sabiamente dosificado y que por lo
tanto el cuadro es bello, esquivando los significados que al fin y al cabo
le dieron origen. Afortunadamente hoy día estamos lejos de pretender
que la finalidad de la Historia del Arte es el estudio de lo "específicamente
plástico". Una imagen no está suspendida en aquella zona
incontaminada prevista por Platón, sino que está nutrida, y
por lo tanto enriquecida, por la realidad que la circunda. El arte de hoy
propone múltiples significaciones, hace preguntas, toma como pretexto
la realidad para celarla y nuevamente descubrirla.