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Abstracción: una elegía.
Rodrigo Quijano, en catálogo a la exhibición Obras Recientes, 1998

-"¿En qué estas pensando ahora?
- Pienso en que un poema podría durar eternamente.
Jack Spicer (Psicoanálisis :una elegía)

Difícil hacer distinciones tajantes en la obra de Williams. Si bien su trayectoria lleva, como para muchos peruanos de su generación, el signo compartido de la diáspora y la emigración -y esta fue una ruptura que lo puso durante un periodo al borde del abandono de toda actividad plástica- , en su obra las superficies y las sobreposiciones, o sea, la elaboración de diversos planos de sentido, ha venido siendo una constante desde su participación en el activismo colectivo de Huayco (1979-1983) por lo menos. No solamente debido a su familiaridad con la serigrafía, que en medio del contexto del activismo grupal de aquel momento parecía ser la técnica que mejor asegurara una reproductibilidad y masividad acorde con el zeitgeist político, popular y casi pop del período (recuerden si pueden la Sarita Colonia o el salchipapas de Huayco). Sino sobre todo debido a su capacidad de elaborar en diversas capas de profundidad los elementos de una subjetividad expuesta y, en cierto modo, las vicisitudes y las expectativas de un horizonte políticamente radical, posteriormente desaparecido, sino del todo derrotado por los diversos acontecimientos de la historia peruana posterior.
(Claro que este es un quiebre que difícilmente se le podría atribuir exclusivamente a su obra.) Pero en cierto modo, las huellas, las marcas que proponen esa relación no previsible entre el pincel y la tela, su connotada y controlada ejecución del dripping, componen esta vez una especie de trompe l´oeil, una trampita para el ojo ajeno, a través de las manchas que simulan ser un test de Rorschach. Esa deliberación en el bisimetrismo de mucha de las telas y su inevitable asociación con el test del psicólogo suizo Hermann Rorschach (en cuyas imágenes "parece" que hay algo reconocible) aseguran una ironía acerca de la abstracción, ambas nunca del todo ausentes en la trayectoria de Williams. En el fondo eso sucede porque si asumimos que alguna vez hubo una representación abierta del icono popular concreto ( en una época (en la de Huayco, por ejemplo) en que efectivamente "parecía" que eso aseguraba al mismo tiempo una representación estética y una representatividad política), Williams parece asumir ahora una figura más provocadora, preguntando: ¿Qué podría ser esto? o si se prefiere ¿En qué esta Ud. pensando ahora?, cuando en realidad parece estar anunciando simultáneamente: No es lo que parece, o si se prefiere: Nada nunca fue lo que parecía, ni antes ni ahora -aunque tal vez más antes que ahora.
Pues es como si, licuados los bordes de la representación y del lenguaje, este paso hacia la indefinición o si se prefiere hacia la expectativa de un porvenir ya no tan diáfano, su pintura operara como una elegía: un canto flexivo y reflexivo en memoria de un gesto pasado y de un horizonte hoy cuestionado, el referente de algo ya evaporado. En ese sentido su obra lleva en ella las marcas de una operación de ida y vuelta entre lo que hay afuera y lo que hay adentro ( o entre lo que hubo y lo que hay si se lo quiere ver en el tiempo y no en el espacio); una operación en la cual se sabe que no se sale ileso con facilidad. Por eso, y vista desde esa perspectiva, la pintura de Williams es más una vindicación del sentido que un elogio de la superficie, pero sobre todo, es un ajuste de cuentas con la realidad de su pintura, con su imborrable lenguaje y con su historia.